Wildflowers beat bouquets; botones de oro me valen oro

Weeds spotted on the roadside,

picked on the return bike ride,

offered wilted in sweaty hand,

beats a bouquet from a foreign land.

Bring me no rose, emerald, or gold;

all I want from Colombia is you to hold.

Well, and our friend’s great coffee beans:

This is what simple joy to me means.

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Tres silvestres botones de oro

me valen más que minado oro,

esmeralda y plata.

Lo que nunca me falta

es la única exporta

de Colombia que me importa:

el café de nuestro amigo

(y tenerte acá conmigo).

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I read women in translation (not just in August)

August is Women in Translation Month.

 

WIT

This year I honor Helena Lozano Miralles, Spanish translator for Umberto Eco. I first checked out her translation of Decir casi lo mismo from Universidad Nacional de Colombia. Eco argues that translating is “saying basically the same thing”, which oversimplifies the talent of his own faithful translator.

Helena Lozano Miralles

At a street booth in Medellí­n, with books jammed in every imaginable direction with Tetra skills, I spotted the upside-down spine of El cementerio de praga. Thankfully it had little to do with horror and mostly made me hungry for Italian and French food. It’s still sitting on my bookshelf here in Texas.

Next up on my reading list? I’ve been saving his most famous work for last: El nombre de la rosa.

What’s on your bookshelf or library list by female literary translators? Who are you reading now?

Thank your translator for selecting amazing books from around the world, peeling off the language barrier word by word, and depositing works of wonder into your two hands.

Grazie Umberto Eco, y gracias Helena Lozano Miralles.

Un viaje colorido en chiva con cada sorbo de café de los Andes  

 

Viajar a toda velocidad en vías pavimentadas, con las ventanas cerradas, el aire prendido y la música a todo taco, es embarcarse en una carrera contra el reloj y contra la naturaleza. Encerrado tras cristal, las copas de los árboles y el pasto se juntan en una pared de verde borroso, la vida dentro de la vegetación escondida y olvidada.

Si transitar en un carro así es como habitar un apartamento en la ciudad, montar una chiva es como acampar bajo las estrellas.

La chiva colombiana, también conocida como escalera, es un camión convertido en bus, adaptado a las condiciones de las carreteras en la zona rural de la región paisa, y la forma tradicional de transporte público en el eje cafetero de Colombia.

¿Cómo distinguir a una chiva de la multitud de transporte público? Si bien hay buses y camiones en ciudades colombianas pintados en salpicones del patriótico rojo, amarillo y azul, en comparación la chiva es un colorido guacamayo. Mientras los buses municipales se limitan a líneas sobrias, la escalera es un frenesí de diseños geométricos y exóticos. El artista Carlos Pineda trazó la similitud con las mándalas de India y publicó un libro donde niño y adulto puede colorear o meditar sobre las mándalas de las chivas convertidas en blanco y negro. Para observar el proceso y perderse en el vertiginoso video de los diseños, ver hasta el final de Mándalas del Camino.

Otro elemento esencial de la escalera es la ausencia de vidrio en las ventanas de los pasajeros. Eso permite a los choferes y sus ayudantes pisar directamente sobre el marco de madera y usar el vehículo entero como una escalera para montar las cargas campesinos al techo: desde bultos de café para vender en el pueblo hasta los sacos de arroz comprados a cambio. No hay nada raro en ver un marrano atado o gallinas en guacales, pero un día me encantaría ver una chiva llevada encima de una chiva.

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Esperando al bus en La Florida, Risaralda 2011

La brisa corre por tu piel. Pues, la brisa corre un poco más rápido que el vehículo, así que tienes tiempo para observar con detalle a la naturaleza que pasa a los bordes de una carretera no más amplia que la escalera. Es una oportunidad para estar en contacto con la vida natural, y con la vida humana. En vez de sillas individuales, los pasajeros se sientan codo a codo en un solo banco largo, como asistir a una de las iglesia católicas que se erigen encima de cada pueblo paisa.

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Llegó la chiva, montado con mis compañeros para una caminata.

Quienes te acompañan son seguramente campesinos, y en la zona cafetera paisa de Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda, son caficultores. De acuerdo a la Guía Turística de Antioquia, las chivas “llegaron a Antioquia en 1908”. El municipio antioqueño de Andes, capital comercial del suroeste y eje de la economía cafetera de Antioquia desde hace más de 100 años, declaró en el 2004 la escalera un bien de interés cultural.

Antioquia es un Caramelo chivas Andes
Crédito: Daniel Augusto Cifuentes Sierra

En la terminal de transporte de Andes se estacionan las “55 chivas que todavía prestan servicio regular a las 62 veredas del municipio”. Daniel Augusto Cifuentes Sierra capturó esa escena en esta fotografía, publicado en el libro Vistas de Antioquía en 2014 por la Fundación Viztaz, dedicado a la conservación de la memoria cultural. Según el fotógrafo paisa quien trabaja con caficultores en la zona, “Las escaleras son sin duda los caramelos más coloridos de Antioquia y el principal medio de transporte del área rural.”

La Cooperativa de Caficultores de los Andes hace un homenaje a las chivas que transportan a sus socios con sacos de café para vender, tostar y exportar a países como los Estados Unidos. En una edición especial, el empaque de sus bolsas de café tostado viene estampado con los diseños coloridos de las chivas.

Este es el café que tomamos. Café envuelto en la tradición campesina. Por más calor que haga en este momento en el verano en Texas, intento tomar unos sorbos sentada afuera, con la brisa sobre mi piel, igual como montar en una chiva.

¿Te atreves a bajar el vidrio, sacar tu brazo, y sentir la naturaleza? Súbete a la chiva para disfrutar de este café producido en las montañas verdes de los Andes. Bolsas de media libra disponibles para vecinos amantes de un buen café.