Tinto Tinta llega a Texas

Hace un mes y medio, me madrugué y prendí camino loma arriba. Pasamos por la neblina que abrazaba las montañas frías a las tres de la mañana, una hora espantosamente solitaria. Temí que allí, solitos, el carrito no aguantaría el peso de las maletas que cargaban una cantidad risible de mis diccionarios, suficiente café para por lo menos tres meses, y todas las herramientas básicas para arrancar una nueva vida, menos el machete—no por su inutilidad, sino sus sobredimensiones.

Montañas de humo Colombia Rionegro Antioquia

Llegamos al aeropuerto intactos, respiramos profundo al pasar todas las maletas, y pedimos unos tintos en Pergamino.

¿Qué otra manera de despedirnos de Colombia?

En Junio 2016, con mi esposo colombiano y su alucinante sello de visa de residencia, empezamos el siguiente capítulo de vida en los Estados Unidos.

Razón suficiente para perdonar la marcada ausencia últimamente en ese blog, espero.

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Discover Denton rodeo

Llegamos en pleno verano a los llanos planos de Texas. Venimos de un país tropical que goza del calor ecuatoriano todo el año. No tuvimos ni el menor idea que nos esperaba. Soy de Minnesota, donde el verano es como un hipo que llega inesperadamente entre el abrir y cerrar del congelador.

 

Hace tanto calor que solo tomo café una vez al día, a las 6 de la mañana, cuando pasa una brisa fresca y todavía no alcanza los 84 grados Fahrenheit, o sea la temperatura máxima en Medellín. Para las 10 de la mañana ya marca 92 grados. ¿Tinto mediomañanero? No gracias.

Pero me encanta el nuevo lugar y su transformación en hogar.

Tengo unas ganas de sembrar maíz y frijoles en el patio trasero y cultivar mero jardín colombiano, una réplica de lo que tuvimos en el pueblo bellísimo de Jardín, Colombia.

Ahora estamos en la ciudad de Denton, la gente de dientes grandes, donde nos gusta comer. No tanto como conejitos dentudos y su pasto, sino como caballeros con su bistec.

Lastimosamente no pudimos alimentar ni conejo ni cabra con el océano de césped largo en el backyard. Sudamos la gota gorda cortándolo manualmente (¿dónde está el bendito machete ahora?), fertilizando el suelo de paso con buenas intenciones de cultivar la tierra.

 

Hay que esperar que pase el verano.

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¡Sexy Cold Brew! //📷@elisacrisc

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Mientras tanto, ¿café helado? Sí, por favor. O helado solo…

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Feliz Día del Tinto from a wannabe baker

Two days ago I returned to Colombia. Yay, back to coffee land!

Just in time to NOT be able to celebrate National Coffee Day in the U.S. with coffee shop freebies. *sigh*

At Dunkin’ Donuts you get only the dunk, but Krispy Kreme hands out both donuts and coffee. At Peet’s the coffee is free only if you buy a bakery treat.

Donuts, donuts, and more donuts. Oh, and some coffee, as an afterthought.
Donuts, donuts, and more donuts. Oh, and some coffee, as an afterthought.

Munching on an orb of sugar to make our coffee palatable is like ordering an X-accino so heavily doused in flavored syrup and whipped cream that the coffee taste is obliterated.

National Coffee Day might as well be called National Donut Day plus a Hot Beverage.

In my absence, the oven has remained off, the flour untouched, and my husband has gotten accustomed to drinking coffee without sugar. I’m kinda a sugar fiend. I used our daily coffee times as an excuse for me to try out new recipes for cookies, bars, cakes, pies, and even one awfully oily batch of donuts.

Starting today, on National Coffee Day, the day my fellow Americans drink their way through donuts, I will take the first step to undo my sugar addiction: I will learn to drink tinto (black coffee, no sugar) with no sweet on the side.

I raise my mug to el Día del Tinto.

¡Salud!